Weón ha pasado caleta.
Me acabo de dar cuenta que desde mi última entrada ha pasado mas de un año, más de un año de CALETA DE WEAS. Qué tantas weás se preguntará usted querido lector imaginario (porque sé que nadie lee esto), puta, experiencias límite, fracasos, logros, genialidades, infimidades, de todo para el regalón. Pero pa' qué entrar en detalles, si en realidad a todo el mundo le pasan cosas, cambian su vida de manera significativa o no y después siguen adelante, de buena o mala forma, siguen adelante.
Ahora bien, si hay algo en lo que me gustaría hacer hincapié, es en los delirios que tuve estando en la UCI de la Clínica Reñaca. Quiero dejar pasmado en escrito aquellos delirios que tuve, que confundieron mi mente, que me hicieron creer que esa era en efecto mi realidad y que tenía que aprender a aceptarla de una u otra forma.
El primero que se me viene a la mente, es de uno donde llegaba uno de mis doctores, uno peruano si mal no recuerdo, que ficticiamente tenía una relación amorosa con una de las enfermeras. Este doctor llegaba con su laptop, lo abría y se ponía a hacer unas configuraciones extrañas, luego todo el mundo iba a sentarse y a abrocharse sus respectivos cinturones de seguridad, el doctor se ponía sus gafas de piloto y comenzaba a pilotar la UCI como si fuera un helicóptero. Yo veía todo desde mi cama, tapado solamente por una frazadita blanca que con suerte me cubría una bola, y miraba como nos acercábamos a nuestro destino.
Siempre era un destino diferente, pero tenía en común que siempre era en la nieve. Una vez fuimos a un bosque nevado, donde llegaban weones súper lana a tocar canciones hippies, hacían una fogata dentro de la UCI y se cuarteaban brigidamente a las enfermeras, cosa que yo encontraba súper rara si los weones eran hippies, no eran perrines. Otra vez fue a un resort nevado, donde habían unos basquetbolistas famosos (que no tengo idea quienes eran, eran negros, altos, parecidos a kobe bryant o con cara de mono) en jacuzzis con minas ricas, tomando copetes caros, comiendo manjares a toda nalga y yo ahí tapado con mi frazada minúscula y mi suero que tenia una manzana en la etiqueta, lo que lo hacía delicioso. Lo que sí, nunca recordé como terminaban estos delirios, cosa que igual es entendible porque en esa situación los delirios se mezclaban con la realidad y era como imposible entender donde terminaba el delirio y comenzaba la realidad (sí, por muy estupidos y fantásticos que fueran los delirios, era imposible darse cuenta).
Otro de los delirios que recuerdo y quizás uno de los más largos que tuve, fue uno donde se me daba la oportunidad divina de alcanzar el cielo. Nisiquiera me cuestione si era creyente o no (no lo soy y nunca lo he sido) decidiendo participar al toque. Tenía que ganarme el cielo viviendo penurias, viviendo penurias de gente que estaba viviendo situaciones pencas, de gente que estaba toda cagada, en especial de abuelitos agónicos. Tenía que vivir esas situaciones en sus cuerpos, por ellos, vivir los procedimientos dolorosos, incómodos, agobiantes que les tocaba a ellos pasar (seguramente porque me toco pasar por varios que eran horribles)
Cronológicamente no podría decir cuanto tiempo pasó, pero fue bastante. Fue como cuando te duermes 30 minutos y sueñas por horas y horas, es como el concepto de Inception de que el tiempo en los sueños pasa más lento, así que se podría decir que comprobé esa weá empíricamente. Pasaron muchas cosas en ese periodo, historias de por medio, sub historias, fue rarísimo, pero cuento corto: Alcancé el cielo.
El cielo era a toda raja jajaja, despertaba todos los días en una cama comodísima, en los lugares mas preciosos del mundo, rodeado de las minas MAS RICAS E INIMAGINABLES que me traían desayunito a la cama junto con algún otro servicio extracurricular. Todos los días eran distintos, siempre un lugar diferente, cosas diferentes que hacer, era a toda raja. Pero por algún motivo me echaron del cielo y volví al principio, donde tenia que empezar a vivir las penurias de la gente. Ahí aparecio un amigo mio de la universidad (Valentín) y me dijo "weón, chao con esto, para alcanzar el cielo de una hay que suicidarse no más!". No se por qué, le seguí la corriente, llegamos al techo de "un edificio" y mi amigo me dice "Ya, sígueme!" para después lanzarse y yo ver como se hacía mierda en el pavimento. Yo no me tiré.
Por no tirarme, mi amigo me perseguía en mi diario vivir en forma de perchero, donde sea que fuese había un perchero puntiagudo que causaba accidentes de la forma que sea para hacerme morir. Siempre que pasaba algo peligroso estaba el perchero ahi, así paso harto tiempo de salvarme por poco de peligros cuáticos, hasta que en un momento mi amigo perchero logró matarme en un accidente (que no recuerdo como fue) y desperte desnudo en una fabrica japonesa. Era como una fiambrería gigante, era todo metálico y se acercaba un guatón japonés que tenia pinta mongoloide. Yo intenté moverme, pero no podía, tampoco podía hablar ni emitir ningún sonido, sólo podía sentir y mover los ojos. La desesperación llego a tal punto, que era ya como si estuviera con tétano, los músculos algo me respondieron y pude moverme un poco. Pero el guatón japonés ya me había agarrado, y no se por que rechucha el weón quería cortarme el pene!, yo me movía lo más que podía (que no era mucho) para evitar que este tipo me cortara el pene con un cuchillo que tenía en la mano, el tipo para evitar que me moviera, me pegaba puñaladas en las piernas y trataba de dejarme quieto. Todo eso lo hacia con una cara calmada, enfermiza, que me hacia entrar más en pánico cuando lo veía. Finalmente me rendí y el tipo se puso a hablar algo en japonés, calmadamente, mientras cortaba mi pene por la mitad.
Después cuento más, me deprimí con la historia del pene.
Also, acá salgo yo pasándolo la raja:
